Ella 2.0: Las distintas versiones de una misma historia

Por Gabriela Perales

El grupo independiente de teatro, Boa Viagem de Puerto Vallarta, llega a la MET 2018 después de ganar su pase directo en el Encuentro de Teatro del Interior con “Ella 2.0”. A la Muestra se integra “Usted está aquí” de Lagos de Moreno y “De amores y desamores de Cervantes” de Ciudad Guzmán como representantes del teatro del interior del estado de Jalisco.

En el marco de la Muestra Estatal de Teatro 2018, “Ella 2.0”, aparece en cartelera en dos ocasiones con dos distintas producciones, una desarrollada en Guadalajara y otra, que es la que se abordará en estas líneas, su homónima de Vallarta. La historia es escrita por Andrea Belén Sansa, dirigida por Ramiro Daniel y protagonizada por Ana Karen Muñoz y Samantha Dueñas.

Es el 2000, año en que Britney Spears estaba de moda, el Papa Juan Pablo II aún vivía y en el que Ana y “Roja” se conocieron. Es la historia de amor de un par de chicas que destaca por funcionar fuera de los dramas convencionales de los que son objeto la comunidad LGBTTTI en los medios tradicionales. La función inicia rompiendo la cuarta pared, avisan que la puesta está apunto de iniciar y que haremos un viaje en el tiempo llevándonos al pasado para contarnos el inicio de su relación.

Las anécdotas contadas por las protagonistas involucran más personajes que serán interpretados por ellas mismas. “Duende”, la mejor amiga de Ana interpretada por “Roja” y la amiga “fresa” de “Roja” interpretada por Ana, son personajes que caen en cliché y que poco a poco van cediendo ante los papeles protagonistas. No hay cambios en el vestuario que contrasten de forma significativa y si no es por las leves modificaciones en su voz, los personajes secundarios pasan desapercibidos.

La escenografía está compuesta por un marco de metal que pretende ayudar a ubicarnos en el pasado y presente; a lo largo de la puesta en escena los personajes utilizan distintos recursos para explicar el paso del tiempo por lo que cuesta trabajo justificar la aparición de este recuadro de acero como elemento imprescindible sobre el escenario.

La canción del 2002 “all the things she said” del dueto ruso t.A.T.u y de quienes hacen referencia con el vestuario de colegialas de las actrices, resuena a lo largo de la obra en distintas versiones. Las intervenciones musicales sirven como transiciones en las que Ana y “Roja” se cambiaban de vestuario y disponen los elementos necesarios para continuar; segundos vacíos donde podemos ver a las chicas acomodarse en el escenario y nada más.

Durante la escena de la fiesta optan por hacer partícipe al público, ante negativas de espectadores tímidos y gestos incómodos logran subir a unos cuantos. La réplica espectadores-actores se da, pero es limitada; encienden las luces, les ofrecen cerveza, los hacen bailar frente a todos y las risas se dan. Vemos un momento de interacción innecesaria y nada que refuerce la trama.

Cuando nos referimos a las versiones 2.0, hacemos alusión a cambiar la forma de interactuar con el resto y enriquecer la perspectiva de alguien mas, en este caso las chicas van aportando detalles para guiarnos hacia dos distintos desenlaces. Los lugares comunes que soportan el final entre Ana y “Roja” dan pie a una opción alternativa. Después de una segunda versión, de varias posibles, se elige una donde los diálogos suenan atropellados por la naturaleza de estos, hablan a gran velocidad con el fin de resumir un punto en la historia que no cambia y partir de ahí hacia el nuevo final.

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