Exilio: en la frontera.

Por Blanca Valdepeña.

Partir tiene dos significados, el de la persona que se pone en camino hacia algún lugar y el de corte o división, pero hay ocasiones donde el que parte también rompe su entorno, o aquel que fragmentado parte hacia la búsqueda de un destino propio. Tales son las historias que nos cuenta Exilio, sus personajes narran momentos de su vida en los que, obligados o por voluntad propia, se marchan abandonando amores, familia e historias.

Es curioso como la palabra exilio, que es la que da título a esta obra, siempre va acompañada de una acepción negativa, de castigo, soledad y falta de pertenencia. Sin embargo en este discurso parece tener una cierta carga liberadora. Los personajes buscan en su travesía liberarse de un fantasma de su pasado, viajando, huyendo, persiguiendo sueños que su propio suelo no les ha permitido realizar.

La inquietud de este grupo sobre la migración es un tema que nos concierne y conmueve, a diario podemos ver noticias sobre gente dejando su patria en busca de una vida más digna, gente huyendo de la guerra y de una realidad devastadora, tema que además logran llevar al cosmos personal ¿quién no ha querido abandonar todo y sacrificarse en busca de la libertad?, ¿quién no se ha sentido extraño alguna vez en medio de aquello que conoce o que deseaba? Exilio nos habla del éxodo propio.

La obra parece un collage. El primer acercamiento es un escenario que al fondo tiene un marco lleno de cruces, cacerolas colgadas, y un personaje parecido a una parca. A lo largo de la pieza descubrimos después números musicales con Madonna y alguna canción de La Sirenita. Luego también se incluyen fragmentos que suenan a tragedia griega y aquel poema de las oscuras golondrinas de Gustavo Adolfo Bécquer. Aún así los elementos tienen orden y sentido de acuerdo a la narración.

La propuesta esta en el borde entre la danza y el teatro. Existe un diálogo interesante entre el espacio, el texto y el cuerpo de los ejecutantes. Los actores realizan secuencias modificando velocidad y calidad de movimiento junto al texto mientras se desplazan por el espacio a diferentes ritmos, involucrando no sólo sus propios cuerpos sino apoyados de los cuerpos de sus compañeros y en ocasiones también por objetos. Si bien en momentos el movimiento se observa de una manera atropellada también es interesante observar como se lleva el cuerpo al límite y las consecuencias de ese movimiento en la voz y el cuerpo de los actores y por lo tanto la dramaticidad de la escena.

No existe exilio sin fronteras, la propuesta trabaja sobre ese límite, sobre ese territorio que no acaba de nombrarse aún y se tambalea ente una y otra cosa.

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