Lo que queda de nosotros: la inauguración.

Por Blanca Valdepeña
La Muestra Estatal de Teatro de Jalisco se inaugura este 2018 con “Lo que queda de nosotros”, un texto para públicos jóvenes de Alejandro Ricaño y Sara Pinet representado por La Guarida Teatro bajo la dirección de Sara Isabel Quintero.
La obra relata la historia de Nata, una joven que enfrenta la pérdida reciente de su padre y que como parte de su duelo decide no establecer más vínculos afectivos; como ayuda terapéutica, recibe una mascota: Toto, un perro criollo al que decide abandonar en un parque; después de la despedida ambos emprenden una búsqueda, Toto tras Nata y ella tras sí misma.
Los actores Venus Celeste y Mario Iván Cervantes dan vida a Nata y a Toto, los protagonistas del drama; pero no sólo a ellos, sino que a través de su corporalidad y su voz, ayudados por algunos detalles en el vestuario aparecen algunos personajes secundarios que ayudan a ilustrar las anécdotas de las que se compone la historia. Si bien los actores recurren a modelos de personaje que fácilmente reconocemos, por ejemplo, el padre de espalda erguida y voz potente, la tía anciana con el velo sobre la cabeza, de hombros encogidos y voz chillona, o el primo con la mirada al cielo que parece un poquito lento y que cecea al hablar, esto hace fácil la recepción del drama ya que da claridad y precisión al fragmento de la historia que se está narrando.
Al respecto me gustaría resaltar el momento en el que Toto se encuentra con Crispín. Con un movimiento de la escenografía, los actores levantan los dos cajones a los lados del escenario y se colocan detrás de ellos, nos ubicamos en un espacio diferente, bien podría ser un callejón. Mario, usando su gorro con orejas y la corporalidad y voz que desde el principio identificamos como Toto, del lado derecho, y en el lado izquierdo Venus, sorprendiendo con su voz y gesto representando a Crispín; el acento, volumen y la modificación de la actriz a su voz haciéndola más grave, junto con el gesto de su rostro y el discurso que da sobre su propia experiencia en la calle y la anécdota de “el gordo” además de la ambientación con la luz verde a los costados y la música en el fondo me recordó a esa imagen cinematográfica y caricaturesca de los detectives de los años cincuenta.
La obra entera transcurre sumando, hay un dominio en el manejo del lenguaje por parte de todo el equipo, la música, la iluminación y el vestuario trabajan todos en conjunto, no hay piezas sueltas en la obra.
“Lo que queda de nosotros” es una tragedia contemporánea, las desgracias les caen a los personajes como yunques, una detrás de la otra, y sin embargo Nata y Toto las enfrentan de formas distintas, por un lado expone la vulnerabilidad y miedo de la que se resiste a una pérdida encerrándose en sí misma, y por el otro la esperanza e inocencia del cachorro que, a pesar de todo, confía y ama. Y todo este conjunto de malos sucesos sazonado con ese toque mexicano característico de enfrentar a la desgracia con humor.
Al final, lo que queda de nosotros después de la desgracia es que aún estamos vivos y que aun desconociendo si el futuro estará bien o mal, podemos no estar solos.

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