Mamá, papá, luna, estrellas...

Por Itzel Campos Vargas

Desde que estaba en el preescolar las profesoras nos inculcaron la costumbre de asistir al teatro. Tanto porque era común que asistiéramos a ver representaciones en teatros de la ciudad, compañías se presentaran en el patio de la escuela, y porque recuerdo que en el salón más grande del kínder había una estructura para hacer teatro guiñol que aprovechaban las docentes de vez en cuando. Todas estas representaciones tenían un espacio muy marcado para el espectador y otro para el artista: desde la butaca o el suelo del patio, y arriba del escenario o detrás de la estructura de madera. Desde entonces no he vuelto a ver teatro para niños, y menos para bebés; yo no soy el público al que va dirigido y no tengo un infante al cual llevar a ver una representación. Debido a estos antecedentes, no sabía qué esperar de El día de Amy. 

Esta obra se presentó el pasado sábado 1° de septiembre en el marco de la Muestra Estatal de Teatro Jalisco 2018, con tres horarios: 11:00 am y 12:00 y 1:00 pm. La puesta en escena está catalogada como teatro para bebés de 0 a 3 años, y es un proyecto de Latiendo Teatro. Esta obra ya ha sido presentada en varios recintos de otras ciudades mexicanas, y es, junto a Los cuervos no se peinan, las obras dirigidas hacia un público infantil dentro de la muestra.

La dirección corre por cuenta de Susana Romo, y los dos personajes que vemos en escena son Cristina Martínez quien la hace de la mamá de Amy, y Sergio Arreola como el padre de la pequeña, y Amy como una tierna muñequita. Pero al tratarse de teatro para bebés, la compañía dispone de otras personas para estar al tanto de la comodidad y seguridad de los infantes.

La obra está dividida en dos partes: la primera es contemplativa, ya que nos cuenta la historia de Amy, una pequeña que espera un domingo a que su papá, el que salió de casa junto al sol, regrese al estar la luna en el cielo. A lo largo del día Amy disfruta de diversas actividades: un desayuno, un paseo por el parque, un baño reconfortante… Y la segunda es interactiva, pues se disponen ciertos objetos en el escenario para que los niños jueguen con ellos; como instrumentos musicales, grullas y demás animales de origami que se vieron en la obra.

La experiencia durante la puesta fue la siguiente: al ingreso a la sala, los niños y sus padres entraron primero y le dieron una ficha numerada a la señorita de la puerta pues únicamente entran 20 niños con sus acompañantes por función; luego fue el ingreso de aquellos que no llevaran a un infante. Los pequeños y sus padres fueron sentados en colchonetas sobre el escenario, y el resto de los espectadores fuimos invitados a hacer lo mismo pero en la segunda fila de colchonetas detrás de ellos. Después, Cristina Martínez les hablo a los niños con un lenguaje sencillo y una voz clara: ese espacio está dedicado a ellos, es seguro, se pueden parar y andar a su disposición, incluso aclaró que se podía alimentar a los niños de cualquier manera, y se disponían de cambiadores a los costados del escenario. Inició la obra, y en ambas partes la gran mayoría de los objetos utilizados siempre estaban a la altura de la vista de los niños, por lo que no tenían necesidad de pararse o preguntar qué estaba sucediendo. Además, el vestuario, la escenografía y las luces fueron coloridos pero sin llegar a ser chillones y molestos para el ojo de los niños, el conjunto estaba bien armonizado y resultaba agradable y cálido. La música, realizada por Sergio Arreola en la guitarra y en coro con Cristina Martínez, también es apropiada porque las letras de las canciones recurren a las rimas y a la creación de imágenes divertidas para los niños, y las melodías no son muy estridentes al punto de alterar a los pequeños. Incluso se han hecho comentarios en otras presentaciones de la obra en las que los padres y sus hijos piden un disco con las canciones.

El día de Amy es una propuesta bien hecha para los asistentes a las artes escénicas más pequeños, porque logró lo que buscaba: dar una historia sencilla, linda y fácil de entender, canciones que los niños repiten una y otra vez, y sobre todo, hacer que los infantes se involucren dentro de la obra teatral lo cual yo no había visto nunca antes.

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