Juana Inés… y más, siendo mujer

Por Luis Curiel

¿Para qué sirve el teatro? ¿Por qué una persona se expone de tal manera que, aun siendo otra, yace su alma desnuda ante ojos espectadores? ¿El acontecer teatral puede cambiar la realidad? ¿Para qué y por qué vemos teatro? Estas y otras preguntas surgen tras contemplar Juana Inés: Paráfrasis de sí misma.

En la 22 Muestra Estatal de Teatro Jalisco 2018, Teatro Estudio y Teatro Nómada ofrecen, en el Teatro Experimental, una propuesta cuyo centro es la figura de sor Juan Inés de la Cruz, el referente literario de México, bajo la dirección de Fernando Sakanassi. La dramaturgia pertenece al mismo Sakanassi, en colaboración con Ricardo Ruiz Lezama, a partir de textos de la “Décima musa”. El elenco: Karla Constantini, José Jaime Argote, María Balam y Darío Rocas. Esta obra es producto de DespertaLab, una residencia en el espacio Nau Ibanow.

¿Qué se puede decir de Juana Inés? Mucho, en realidad. Tanto, que creo no contar con suficiente espacio y tiempo para hacerlo. Primero toca hablar de qué sucede en el escenario, de lo que el público recibe. Y es que el producto final es una especie de collage que incluye escenas de Los empeños de una casa, obra de Sor Juana, así como fragmentos de la vida de esta escritora novohispana; también hay otros momentos que son originales de la dramaturgia, escenas donde se representa la violencia sexual y la inversión de roles. Asimismo, el montaje incluye material audiovisual. Esto podría parecer demasiado, pero el mérito está en la dirección, pues cada momento, cada escena, está en un conjunto que es claro en su mensaje propositivo. Destaco entre el abanico de escenas y discursos, aquella en donde los personajes de Los empeños de una casa acontecen, mientras en las paredes laterales y del fondo Juana Inés va escribiendo la obra. El trabajo de Sakanassi hace dialogar fragmentos de la vida y obra de Sor Juana con el siglo XXI y los problemas que aún persisten y que, peor aún, se han agravado. La dificultad que la poeta enfrentó para acceder al conocimiento, los embustes de conocidos enemigos (encarnados en las figuras de su confesor, Nuñez de Miranda, y el obispo de Puebla, Manuel Fernández de Santa Cruz) que denostaban su posición, la búsqueda de conocimiento y, más que nada, ser mujer.

Es aquí donde encuentro la pertinencia de Juana Inés en el México actual (por no decir, Latinoamérica), en una sociedad venida a menos, donde los feminicidios están a la orden del día, donde es improbable que una niña tenga las mismas oportunidades laborales, educativas y económicas que un varón, donde la mujer tiene restringido ejercer su libertad y saber en determinadas áreas (dígase, por ejemplo, la ciencia), donde existe una cerrazón ante la palabra “feminista”, donde la víctima es culpable de ser violada porque –se atreven a decir- “se lo buscó, no se dio a respetar, para qué va vestida así, qué está haciendo en esos lugares…”, pero la lucha sigue. Juana Inés plantea, a través de una experiencia individual –la de la batalla de sor Juana para obtener libertad y conocimiento- un mensaje liberador que asciende a lo social y colectivo: que el placer y gozo sexuales son nuestros, que el aliarse entre aquellos que buscan libertad y amor es un camino. Más aún, en esta obra no se excluye al hombre, sino que recibe su espacio en una escena donde los actores José Jaime y Darío expresan sus cansancios y hartazgos, como el deber ser fuerte, el no poder demostrar afecto hacia otro hombre: elementos que se encaminan hacia lo que se conoce como nuevas masculinidades. La violencia y destrucción tienen lugar, así como el sometimiento físico, el semidesnudo y escenas de abuso sexual ejecutadas, en un cambio de roles, por Karla Constantini y María Balam. Esta intensidad sucede gracias al movimiento corporal e interpretativo de sus personas escénicas, que hacen visible los problemas del presente y pasado a través de Sor Juana. Incluso, hay un momento en el que las actrices se salen de sus personajes para llamarse por sus nombres, para reconocerse mujeres y mirar qué tienen y qué falta por conseguir.

¿Qué sucederá con Juana Inés: Paráfrasis de sí misma? Sólo el tiempo lo dirá, pero tendrá lugar en un país donde las palabras lastimen (zorra, perra, puta; no así en sus versiones masculinas) y existan individuos que, como a sor Juana, traten de acallar y decidir por ellas. Que el proyecto siga para que nunca más se le diga a una Juana Inés: “El entendimiento es el más grande holocausto que puede haber para quien busca la religión y más siendo mujer”. Agradezco que exista Juana Inés, que se monte en esta ciudad, que sea parte de la MET y, sobre todo, que se haya hecho con esfuerzo y talento de mujeres y hombres. Siga el actuar.

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