Territorios en guerra

Por Miguel Ángel Gurrola.

Las guerras se libran no sólo con armas de por medio, se pueden vivir de una manera más personal, se pueden luchar guerras que no nos corresponden, todo esto para conseguir la verdadera libertad.

“Érase una vez” obra del grupo Carretera 45 fue una de las invitadas nacionales a la edición número 22 de la MET donde narran la historia de un grupo de 6 militares estadounidenses en la guerra por la “liberación” de Irak.

El espacio vacío y 6 tablones hicieron adentrarse en un discurso político que va más allá de una guerra extranjera e inmigración, y que se acerca a nosotros con temas que nos erizan la piel y que quizá nos llenen de indignación e impotencia, la impunidad, las desapariciones forzadas, los asesinatos, el miedo de ya no volver a casa o de volver y que nada sea igual.

La anécdota se desarrollaba de una manera no lineal pues había rompimientos que nos llevaban de intensos momentos de tensión a momentos de profunda reflexión donde los actores no perdían el discurso ¿en este país, cualquiera tiene derecho a arrebatarnos la vida?

Los histriones nos compartían lo que ellos sentían respecto a estos temas que les son cercanos y que exponían a partir de experiencias personales construyendo una relación sincera con el público.

La obra se desarrollo de manera enérgica y dinámica con trazos definidos y acciones concretas y precisas donde el cuerpo era el principal elemento para desarrollar la puesta en la cual las atmósferas se definían con la luz o con efectos de sonidos como ecos y estruendos, modificando el espacio con las tablas formando una especie de instalaciones donde los intérpretes interactuaban, espacios que iban desde un porta aviones, un tanque de guerra, un féretro, etc.

Un montaje donde la composición escénica fue esencial para la lectura de la obra y así dejar que tocara las fibras más sensibles de los espectadores sin dejar de lado la importancia de la escucha entre los actores, respondiendo sagazmente a los estímulos que se lanzaban unos a otros convirtiendo la escena en un juego, un juego divertido pero con gran contenido que iba más allá de la forma.

Había en la puesta una uniformidad que hacía bastante disfrutable todo el espectáculo a pesar de los estrujones emocionales, la obra proveniente de Ciudad de México se presentó el pasado martes 4 de septiembre en el Teatro Experimental con un elenco que arriesga el físico con tal de que sus símbolos y signos sean claros y legibles.

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