Una historia de amor y… ¿nada más?

Por Luis Curiel.

La reconstrucción del pasado da pie a un pensar el presente, pensar el resultado obtenido y
preguntarse ¿y si? ¿Qué pasaría si en lugar de A, hubiera hecho B? ¿La historia que me tocó es suficiente, o, quizás, es posible modificarla? Todo esto –y mucho amor- podemos encontrar en Ella 2.0, versión de Guadalajara.

Lunes tres de septiembre, veinte horas. La Muestra Estatal de Teatro Jalisco 2018, en su edición veintidós, incluye en su selección local una propuesta de Teatro Mundo: Ella 2.0. Antes de comenzar, la fila para entrar al Foro Larva era bastante larga, y no faltaron los desafortunados que buscaban un boleto extra, ya que la obra agotó sus localidades. De cualquier manera, la cosa prometía.

Lo primero que salta a la vista es un uso reiterativo del elemento multimedia a lo largo de la hora que trascurrió en la puesta. Animaciones, fotografías e ilustraciones reiteraban y reforzaban el ambiente de la escena. Desde la llegada a las gradas y, por medio de la proyección, una aplicación musical servía como elemento de acompañamiento mientras se esperaba el inicio del convivio teatral. Dicha aplicación consistía en un tablero de puntos cuadrados que generaban una nota musical en particular, y que se activaban a voluntad del ejecutor. Este multimedia sería usado con eficacia en una escena relevante para la historia.

La trama comienza muy pronto: una chica que se presenta como Ana cuenta al público de qué va la noche, el asunto, el que estén ahí contemplando. Enseguida entra el otro personaje principal: Mary “La Roja”. Con un discurso metateatral, libres del obstáculo de la cuarta pared, y apoyadas de diapositivas que cambiaban a su antojo, las dos chicas interactúan con el público y proponen revivir el momento en que comenzó su relación amorosa. El tiempo retrocede y el tiempo del teatro nos lleva a años atrás, al enamoramiento de dos jóvenes mujeres.La estructura de Ella 2.0 es precisa, pues las escenas del pasado y el presente se entremezclan sin afectar el ritmo; de hecho, lo define. De la mano con la estructura de la trama va la estructura del espacio escénico y el cómo se utiliza: líneas de corazones de papel y grullas de colores delimitan el territorio actoral de lo presencial. Así mismo, un rectángulo se divide en dos partes: la del centro, el pasado; la periférica, el presente. El movimiento de los personajes y el elogiable manejo de iluminación hacen muy claro todo este asunto de tiempos y distancias.

En el apartado actoral, Andrea Belén Sansa (Roja) y Carolina Ramos (Ana) –dirigidas por Avraham González- llevan la obra con soltura, naturalidad y una interpretación genuina. El trato que se da entre las dos amigas y novias es de amor, y no se cae a lo largo de la trama, aunque pienso que el mayor acierto se lo lleva Carolina Ramos, llevando la obra al clímax –y de espaldas-. Discusiones bobaliconas, peleas más serias, jugueteos y declaraciones a corazón abierto consisten en el trato habitual de la pareja. Las actrices Sansa y Ramos también realizan otros papeles menores: una chica con “Duende” como apodo y una amiga fresa, respectivamente. Si bien estos dos personajes secundarios son diferenciados, considero que caen en un estereotipo innecesario, pues sus esencias no son fundamentales en la trama. Y hablando de ésta…

Si ponemos atención a la dramaturgia, que es autoría de la misma Andrea Sansa, será muy probable que encontremos algunas cuestiones dignas de mencionarse: primero, el conflicto. La relación de Ana y Roja nace de un encuentro tímido y esperado, que no tarda en consolidarse con un beso. Pasa el tiempo y las dos chicas se distancian debido a un cliché de lo más usado en otros formatos: un beso robado por parte del “Ex”, es decir, se crea un malentendido. Comprendo que la dramaturgia de Andrea Sansa es sincera al enfocarse en una historia de amor, de no pretender más que eso, pero eso no la exime de recurrir a lugares comunes que sí pueden contraer el riesgo de caer en lo efectista y simple.Finalmente, lo que me sorprendió para bien fue lo que ocurrió entre el espectador y las actrices: una especie de complicidad en la que talento y observante van en busca de un final mejor, de una oportunidad 2.0, donde el capricho de Ana, pero también del público, logará obtener un final distinto al primero que se propone y más aún, la versión personal. Ella 2.0 es una historia de amor con buen ritmo y mejor estructura, pero ojalá fuera más allá y se librase del cliché y lo efectista.

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